TURISMO RURAL EN EL MONASTERIO DE SAN JUAN DE CAAVEIRO Los historiadores apuntan a que fue San Rosendo, obispo de Dumio, quien estableció en el 936 la vida monacal en este cenobio, bajo la observancia de la Regla de San Benito en un lugar que, tradicionalmente, estaba habitado por ermitaños.
Un paraje de recogimiento, ahora corazón del Parque Natural, donde el canto de los pájaros y la musicalidad del agua que corre cara al mar, invita a la introspección. Fué éste un monasterio muy importante, favorecido por reyes y señores, que llegó a tener el control absoluto sobre 17 feligresías, entre las riberas de los ríos Xubia y Eume. A principios del siglo XIX murió el último monje que quedaba en Caavaeiro, en un monasterio que ya entonces amenazaba ruína debido al estado de pobreza que había alcanzado. La desamortización de Menidzábal acabó por deshacerlo del todo. 
Actualmente está en proceso de reconstrucción y restauración. El conjunto contaba con dos porterías, una casa del horno, seis celdas, un cabildo y otras dependencias comunes. Dos iglesias románicas de una planta y de ábside semicircular. De la que queda llama la atención su portada y su ábside, así comola estrucura que lo soporta salvando el desnivel del terreno. Fuera del recinto estaban las casas de los criados, las caballerizas y el molino. Este último estaba alejado de las edificaciones, al pié del Sesín (afluente del Eume), cerca del puente que todavía se conserva y que lleva a la fuente. |